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Vilagarcía de Arousa |

Un poco de historia
Hay numerosos vestigios que nos indican los antiguos asentamientos humanos de estas tierras.
En Bamio aparecieron dibujadas sobre varias rocas de granito una serie de grabados que
representan a ciervos, cazoletas y círculos y que datan del II milenio a. C. De la cultura
celta tenemos restos en los castros de Carril, Castrogudín y Lobeira. Estos castros serían
romanizados, tal y como lo prueban los hallazgos de restos de baños y mosaicos, alfarería
y monedas, encontrados al realizar las obras del puerto de Vilagarcía en Vilaxoán. Por este
territorio discurría la "Per Loca Marítima", la vía XX, que unía estas tierras con Iria Flavia,
a cuyo obispo pertenecieron durante la dominación sueva.
El territorio que ocupaba la antigua "Area Longa", fue donado por Alfonso VI al monasterio
de San Martín Pinario de Santiago, siendo en 1458 feudo del arzobispo García-Caamaño, el
cual funda un burgo marinero, denominado Villa de García, en el lugar donde se asentaba Area
Longa (hoy la parroquia). A toda aquella persona que se quisiera instalar en esta villa, se
le proveía de piedra, madera, pan y vino.
Pasada la villa a dominio de la corona, Felipe II en 1590 autoriza su compra a Rodrigo de
Mendoza, el cual la incorpora a sus propiedades, junto con el mayorazgo de Vista-Alegre (esta
compra se valoró en 3.116.000 maravedís). Será más tarde el alcalde, Francisco Ravella,
el que recuperará el derecho de dicho solar, terminando así el antiguo feudo. Se funda en
1500 Carril como villa, con un puerto que fue considerado uno de los mejores de Galicia. Era
fondeadero para las mercancías que tenían como destino Compostela, siendo en 1814 puerto
autorizado para embarque y desembarque con América. Era villa importante, pues poseía escuela
náutica y hospital. El futuro de Carril se vió truncado por el desarrollo que estaba
consiguiendo Vilagarcía, pues la construcción del ferrocarril y la comunicación de ésta
con Pontevedra le ponía en sensible ventaja ante Carril.
A Vilagarcía le sería reconocido el gesto heroico de ser la primera ciudad de Galicia en
levantarse en armas contra la invasión de Napoleón en 1808.
Era y es centro comercial por
excelencia, pues no podernos olvidar los buques que cargados de personas, desde diferentes
puntos de la ría arosana, asistían a sus mercados francos que desde al año 1744 se celebraban
por concesión del rey Felipe IV.
Existía una confabulación de otros puertos de Galicia, que viendo el cmpuje que estaba
adquiriendo esta población, para restarle importancia, cursan una denuncia en 1816 ante
Fernando VII, de que existían grandes contrabandistas. Esto en vez de perjudicar hace que
se produzca una Real Orden del 30 de Mayo de 1888, que declara su puerto de interés general,
al construir un gran muelle de hierro de 400 m. La ciudad crece y gracias a su desarrollo es
elegida como lugar de reposo y abastecimiento de los barcos de las flotas de Inglaterra,
Alemania y Suecia. Solo la flota inglesa, llegó a reunir dos veces al año a más de un centenar
de navíos, con una tripulación de 40.000 hombres, que se repartían por las costas y lugares de
Arousa. Queda hoy como recuerdo de aquella época un cementerio dependiente del Consulado Inglés.
Durante mediados de siglo de sus puertos salían 500 Tm. diarias de pino. En cuanto al tráfico
de pasajeros, tuvo gran importancia al ser base para la emigración a Hispanoamérica,
desapareciendo en el año 1936 con motivo del alzamiento militar en España.
En 1821 eran Ayuntamientos las poblaciones de Vilagarcía, Carril, Vilaxoán, Rubiáns y Sobrán.
Con la reorganización pasan a formar parte de Vilagarcía, que a partir de 1921 se denominará
Vilagarcía de Arousa. El Ayuntamiento en 1920 tenía una población de 14.860 hab. y poseía
nivel de vida de ciudad, prueba son los muy buenos comercios y establecimientos que poseía,
entre ellos, 6 hoteles, 12 casas de huéspedes, 2 droguerías, 2 almacenes de sal, 1 tienda de
venta de armas y 2 de automóviles. Poseía también 19 carros de ruedas, 5 fábricas de gaseosas,
una de sierra de mármoles, una de chocolates, dos de lejías... Como liberales: 10 médicos, una
comadrona, 3 abogados, un notario, 2 dentistas. Como cultura destacar sociedades importantes
de la época como el Casino, el Real Club de Regatas, el Círculo Artístico Mercantil y el Recreo
del Artesano, además de un diario llamado "Galicia Nueva".
La capital tenía una población de 4.200 hab. Era un pueblo con 859 casas, moderno, con
numerosas calles aseadas y limpias, con paseos y jardines, con casas de baños. Tenía Aduana
de primera clase, correos, telégrafo, Guardia Civil, Consulados de varios paises, Cámara de
Comercio... Para el ocio poseía la capital un teatro, un salón de cine y un equipo de fútbol
en la 2ª división B. Era famosa por su playa, visitada por todo Santiago. Su puerto era
conocido por flotas de otros países y se esperaba construir uno nuevo con una inversión de
4 millones de pts. (el actual en Vilaxoán). El número de pasajeros embarcados fue en 1928 de
3.649 y de desembarcados 34, era el puerto de la emigración a América. Su presupuesto anual
era de 312.000 pts.
El nacimiento de la actual Villagarcía de Arosa se produjo
el 1 de marzo de 1913, cuando se unieron los ayuntamientos entonces
independientes de Carril, Vilaxoán y Vilagarcía. Sus antecedentes,
sin embargo, hay que buscarlos más atrás, cuando desde la Administración
se ordenó la confección de la Nueva Planta de Ayuntamientos de esta
Provincia. A pesar de los muchos intentos institucionales para conseguir
un solo municipio, esto no fue posible debido, fundamentalmente, porque
cada parroquia, cada villa, cada comunidad tenía su propia idiosincrasia
y quiso defenderla hasta laS últimas consecuencias.
Así, desde 1835 hasta 1913 la historia territorial de Vilagarcía de Arousa
estuvo marcada por las continuas rivalidades entre Carril y Vilagarcía,
entre Vilaxoán y Vilagarcía y entre Vilaxoán y Carril con Vilagarcía,
cada vez que ésta o la Diputación proponían la unión de los tres
ayuntamientos.
COMO DIJE, VILAGARCIA, VILAXOAN Y CARRIL TENIAN SU PROPIO AYUNTAMIENTO.
Ayuntamiento de Vilaxoán
Desde que aproximadamente en 1490 don Xoan Mariño
de Sotomayor fundara la Villa y Puerto de Vilaxoán, ésta no había pasado
de ser un puerto más de la Ría de arousa. ¿A que se debía, entonces, la
potencia económica de aquel pequeño burgo marinero, suficiente para
crear ayuntamiento propio pese a sus reducidas dimensiones territoriales?
En la "Descripción económica del Reino de Galicia" que
en 1.797 realiza Lucas Labrada, encontramos la respuesta: "En Vila-Xoan
hay catorce catalanes que costean la pesca y salazón de la sardina, en
cuya maniobra se ocupan al tiempo de la cosecha 112 mujeres y 28 hombres;
y aquellas empleaban en hilar el resto del año"
En efecto, de las fábricas de salazón de la sardina
que desde las últimas décadas del siglo XVIII habían instalado los
fomentadores catalanes, dependía prácticamente toda la población vilaxoanesa.
Esta situación venía dada principalmente por la introducción
de un nuevo y revolucionario arte de pesca, la "xábega", con la cual los
pescadores podían realizar mayores capturas y en menos tiempo que con el
tradicional "xeito".
Para adaptarse a los nuevos métodos, los vecinos de Vilaxoán tuvieron que
realizar un considerable esfuerzo, que les llevaba incluso a solicitar de
los propios catalanes préstamos con los que adquirir las embarcaciones
y útiles necesarios. Eran unos préstamos que dificilmente podrían restituir
con sueldos de cuatro reales y medio: "toda la ganancia de éstos apenas
les llegaba para salir del día, reduciéndose a pasar el resto del año en
la indigencia y desnudez". En consecuencia, se acentuaba aún más la dependencia
a la que hicimos referencia anteriormente.
Los catalanes, que ampliaban sus negocios a otros sectores
comerciales, en especial vino y textiles, no sólo acaparaban el poder
económico sino también el político, en virtud del sistema de representación
de aquella época. De ahí que esta Villa "habitada por gentes de comercio
y fortuna", como así lo reconocían los comisionados encargados por la Diputación
para el arreglo de ayuntamientos, tuviese la fuerza necesaria para solicitar,
y obtener, un concejo propio e independiente.
En resumen, el Vilaxoán de las
primeras décadas del siglo XIX era poco menos que una colonia catalana.
Sin embargo, casi coincidente con el proceso de la "Nueva Planta", la
industria salazonera de Vilaxoán, como la de otras muchas partes, se
sumía en una profunda crisis. A partir de 1.830 se registraron los primeros
cierres de fábricas y, como acto reflejo, nuestra villa entraba en un
período de decadencia que se extendería a todo lo que restaba de la
centuria.
Así pues, sin los catalanes, Vilaxoán volvía a ser aquel
pequeño puerto pesquero que siempre había sido. Pero tenía ayuntamiento,
y como tal, debía cumplir con sus obligaciones respecto de las Haciendas
de la Provincia y Estado, sin olvidar las propias necesidades de su municipio.
Para ello tenían que recurrir frecuentemente al repartimiento vecinal de las
cargas municipales, las cuales se fueron haciendo más gravosas conforme
aumentaba la crisis. Ello, unido a su progresivo acercamiento a Vilagarcía,
por causa mayormente del ensanche de esta última, serían los motivos fundamentales
de su anexión a Vilagarcía en 1913.
Ayuntamiento de Carril
Si la vida de los vilaxoaneses estuvo marcada por la
presencia de los catalanes, la de los carrileños la estuvo por la de los
santiagueses. La relación de Carril con las tierras compostelanas venía
ya de lejos: "Esta villa del Carril -decía Jerónimo del Hoyo en 1607-
se començó a fundar habrá poco más de cien años. Fundáronla algunos vezinos
del Padrón que venían a pescar junto dó está fundada".
Aunque su puerto estaba ya habilitado desde 1512, sería a
mediados del siglo XVIII cuando Carril llegaría a ser uno de los más importantes
puertos de Galicia. En esta época las principales casas de comercio
establecían aquí sus filiales. Especialmente ilustrativo de este hecho
es un informe del juez de la época don Domingo Mareos que dice:
"A la salida de esta villa y en término de su jurisdicción existe una
fábrica o tenería de curtidos establecida en el año 1794 con Real aprobación,
en el paraje que se denomina Brañas de la Area, de que es dueño don
Ramón Pérez Santa María, vecino y el comercio por mayor de Santiago. En ella
se ocupan (según informes) 30 personas además de otras que tienen a su cuidado
y por su cuenta el acopio y venta de la corteza del roble; cuya fábrica sigue con
buen éxito y aprecio de sus manufacturas."
"Las mujeres de la villa, como puerto de mar, se ejercitan en el acopio y venta
de mariscos que pescan sus maridos, hermanos, hijos y familia, y suelen ir
a vender alguna parte de ellos a la villa de Padrón y ciudad de Santiago,
especialmente en tiempos de Cuaresma."
De este modo, Carril conocería en este siglo su época dorada como "puerto
natural de Santiago". Fruto de este empuje de la burguesía compostelana, en 1801
se establecía en Carril una Aduana de segunda clase. En estos años se
contabilizaban en la villa varias fábricas de salazón de la sardina, algunas
de curtidos y otras de fundición, y a su puerto aribban frecuentemente
importantes cargamenteos de lino y cáñamo, procedentes de Rusia, y de cuero,
remitidos desde América, vía Andalucía y Portugal.
Los primeros 30 años del siglo XIX, coincidentes con la constitución de los
primeros ayuntamientos y con los intentos de la Diputación y de la propia
Villagarcía de anexionar Carril a la anterior, fueron años de recesión,
que no empezarían a superarse hasta que en la década de 1840 varias casas del
comercio de Santiago se asociaron, iniciando así una nueva fase de intercambios
mercantiles con América del Sur y del mismo modo, con los puertos más
importantes de Inglaterra, Francia, Bélgica y Portugal.
Tenía por entonces Carril 2.165 habitantes que se albergaban en 250 casas
repartidas entre la Villa y los barrios de Fábreica, Sardiñeira e Isla
de Cortegada, aunque dichas casas son de mala construcción, excepto unas
seis que hay en la villa, espaciosas, cómodas y de buena arquitectura,
e igualmente la Aduana; encontrándose también multitud de almacenes donde
se depositan los géneros del comercio.
A pesar de estos síntomas de recuperación, en las décadas siguientes
Carril entraría en una época de decadencia, justificada por causas
diversas pero, en esencia, porque la progresiva sustitución de la vela
por el vapor, con el consiguiente aumento del tonelaje de los barcos,
hicieron insuficientes sus instalaciones portuarias, situadas en plena
desembocadura del río Ulla y constreñidas por la isla de Cortegada. Fue
entonces cuando los comerciantes compostelanos empezaron a ver con
mejores ojos otros puertos del litoral galaico como A Coruña, Ferrol,
Vigo, o la misma Vilagarcía.
Aunque hay que tener en cuenta que la construcción, entre 1862 y 1873,
del ferrocarril compostelano supuso un respiro a esta situación de
declive de Carril, lo cierto es que este mismo acontecimiento
acentuó aun más sus lazos de unión con Vilagarcía, a quien Carril
iba cediendo terreno paulatinamente su hegemonía como "puerto natural
de Santiago". Se trataba de un proceso que se tornaría irreversible
a partir de 1888, fecha en que se habilita el famoso Muelle de Hierro de
Vilagarcía, cuya consecuencia más inmediata sería el trasvase gradual
de las dependencias administrativas ligadas al puerto (Aduana, Junta
de Sanidad, Casas Consignatarias, etc.) a esta última villa.
Sin los importantes ingresos que generaba el puerto y los establecimientos
mercantiles e industriales, el Ayuntamiento de Carril, como antes Vilaxoan,
se fue encerrando en sí mismo hasta que en 1913, agobiado por las deudas
contraidas con la Diputación y la Hacienda Estatal, además de unos
impuestos municipales cada vez mayores, solicitó de mútuo acuerdo
con las dos villas vecinas su anexión a Vilagarcía.
Ayuntamiento de Vilagarcía
Cuando en 1744 Antonio José de Mendoza y Caamaño,
III Marqués de Vilagarcía, obtuvo de Felipe V la concesión de un
mercado franco todos los martes de cada semana, se estaba reconociendo,
de algún modo, la vocación comercial que Vilagarcía había demostrado
desde su fundación, el 12 de mayo de 1441.
Vilagarcía, frente a las cualidades ya apuntadas de Carril y Vilaxoán,
entraba en el siglo XIX con un doble carácter. Por un lado, era un
ascendente centro comercial de una comarca, la cabecera norte del valle de
O Salnés, que poco a poco iría ampliando a toda la ría de Arousa. Y por
otro, participaba de los beneficios que suponía la instalación, por
parte de la burguesía catalana, de algunas industrias de salazón,
aunque no en la medida de Vilaxoán.
En 1845 era ya capital de su provincia marítima, con Aduana de cuarta clase.
Las 300 casas que entonces constituían la Villa se disponían a lo
largo del extenso arenal que comenzaba en el pequeño istmo de O Castro
(núcleo fundacional de Vilagarcía) y concluía aproximadamente en la
actual playa de Compostela. Entre ambos puntos circulaba un riachuelo,
denominado Santa Lucía, que bajando "por la calle llamada del Río, entra
por un puente que sirve de comunicación entre las casas de uno y otro lado,
y continuando por una extensa llanura desemboca en el mar, advirtiendo
que por dicha llanura y hacia el referido puente penetran los botes
en los novilunios".
En esta población había "casa municipal, cárcel, un palacio del Marqués
de dicho título; muchas tiendas de ropas, quincalla, abacería y otros
géneros de consumo; escuelas de primera educación para niños de ambos
sexos; una de náutica, y otros edificios y establecimientos análogos
a la categoría e importancia de esta villa". En cuanto a las industrias
más importantes, varios "telares de lienzo del país y de lonas,
fábricas de salazón de la sardina y una de curtidos".
En las décadas que siguieron a esta descripción, Vilagarcía continuó
creciendo en todos sus aspectos, de un modo lento pero contínuo,
como lo demuestra la evolución de sus presupuestos municipales. Pero,
sin duda, la gran época de su despegue fue la de los años 80, coincidiendo
además con la pérdida de hegemonía de Carril como puerto de Santiago.
El 1 de julio de 1881 accedía a la alcaldía un hombre de origen catalán,
Francisco Ravella y Arenas. En los poco más de cuatro años de su mandato
-truncados por su muerte en noviembre de 1885- se pondrían las bases
del posterior desenvolvimiento de Vilagarcía: relleno y urbanización
de las marismas, alineaciones de calles, plaza de la pescadería,
muelle de hierro, casa consistorial, compra del "derecho de piso" al
Marquesado, y un sinfín de obras más.
Vilagarcía, situada en el centro mismo de una espléndida bahía, ofrecía
unas condiciones que sus vecinos Vilaxoán y Carril no podían ofertar.
Primero, unas instalaciones portuarias acordes con las necesidades
mercantiles y de navegación de aquella época. Y segundo, el espacio
suficiente para su previsible desarrollo urbano.
Precisamente estas dos características, la evolución del puerto y el
aumento de población, unidas al deterioro progresivo de las haciendas
de Carril y Vilaxoán, serían las circunstancias principales que harían
converger los caminos emprendidos por los tres ayuntamientos en 1836.
Bibliografía:
VILAGARCIA, VILAXOAN Y CARRIL de Manuel Villaronga.
HISTORIA Y VIDA DE LA RIA DE AROUSA de Manuel Fajardo Piñeiro.
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Un poco de historia |
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El escudo |
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