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Un poco de historia

El poblamiento de estas tierras data de épocas muy antiguas; así lo atestiguan los hallazgos arqueológicos que se han encontrado.

En la Edad Media, el municipio pertenecía, en su mayor parte, a una jurisdicción dependiente del arzobispado de Santiago, quedando otras en posesión real o de diversos nobles.

Desde mediados del siglo XII, en el que el noble Ero decidió seguir una vida de recogimiento, fundando el Monasterio de Armenteira, la parroquia de su mismo nombre y varios lugares del Salnés pasaron a propiedad y beneficio del cenobio tanto por donación real como de particulares.

Tras una larga historia de combate en la reconquista, el noble don Ero se retiró como abad a un monasterio fundado por él en sus posesiones en las laderas del monte Castrove. Cuenta la leyenda que rezando en el bosque vecino, quedó absorto con el canto de un pájaro. Al callar el ave y volver al monasterio, quedó sorprendido al encontrarlo cambiado, habitado por monjes desconocidos. Habían transcurrido trescientos años desde su salida y desaparición. Desde entonces fue conocido como San Ero, despertando la imagen que le representa en la iglesia del monasterio una gran veneración popular.

En 1523, con la reforma de los monasterios, se incorporó a la Congregación de Castilla, pasando una etapa de reorganización interna que afectó también a sus posesiones.

El municipio fue también morada de familias tan ilustres como los de Sotomayor y Ulloa, después de los Monterrey y finalmente de la Casa de Alba.

 

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