O Grove


Un poco de historia

O GROVE

En el siglo XVI el Grove era todavía una isla, y como tal aparece reflejada en un mapa de Galicia de dicho siglo. El tómbolo que hoy lo une a tierra está formado por una lengua de arena de 2 Km. de longitud y medio Km. de ancho en el centro.

El origen del nombre Grove procede de la palabra griega "graii" (tierra de grovios). Así la describen tanto Mela como Plinio.

El vestigio arqueológico más remoto que se le conoce, es referido a un molde de arcilla para fundir hachas de bronce, hoy desaparecido. Existen hallazgos de la cultura castreña en los dos castros comprobados, estos son: A Siradella y Punta Castriño. Así mismo, se han descubierto numerosas necrópolis tardorromanas en terrenos arenosos próximos al mar: Cantodorxo, Estonllo y Adro Vello. En Adro Vello se encontró un "ata romana" dedicada a una divinidad indígena, posiblemente a Deveros.

Desde el siglo VI, pasa a formar parte de la mitra compostelana, cuyo arzobispo tenía la facultad de nominar alcalde (se mantuvo este privilegio hasta 1640). El alcalde era elegido entre los propuestos por el Consejo de la Villa, que era también encargado de regular el precio de los artículos de consumo y de los periódicos. Durante la Edad Media, sufre frecuentes ataques de normandos y musulmanes lo que obliga al obispo de Santiago a edificar en sus cercanías la fortaleza de la Lanzada.

La historia de O Grove durante los siglos siguientes, es similar a otros pueblos de la ría, pero hay un hecho que ensombrecerá el futuro de su población. En el mes de Octubre de 1567 un buque, con cargamento de lana procedente de las vascongadas, arribó a la villa, trayendo consigo la peste bubónica que se extiende rápidamente por toda Galicia diezmando la población durante 10 años. "Por los caminos, por los montes y bosques, se encontrarán a cada paso cadáveres insepultos".

Esta tragedia unida a unos años de malas cosechas que encarecen los alimentos y provocan hambre, conduce a una reducción de la población. Esto provoca que surjan los votos y la devoción a San Roque, abogado contra la peste, por cuya intersección se levanta una hermita y se constituye una cofradía.

Ya en el siglo XVIII, la actividad agrícola ocupa un lugar importante en la población de San Vicente; en cambio en San Martiño, la población se decanta por la pesca (en 1782 poseía 90 domas de pesca). Estos años hacen que la península tenga un desarrollo económico floreciente, que se vería truncado con la llegada a la ría de los catalanes. La forma de pesca tradicional utilizada por los del Grove, no se aclimatará al sistema de pesca industrial que intentaban impartir los oriundos catalanes, de esta forma comenzará una nueva crisis para el Grove, si bien ésta será debida a la falta de apoyo para los nuevos avances que en otras villas de la ría se estaban acometiendo. A partir de 1840, la venta de la Isla de la Toja a una sociedad privada (la cual construirá un balneario para explotación de sus aguas termales), será el primer gran impulso para el desarrollo turístico y comercial de la zona, que repercutirá de forma directa en el Grove, al conseguir adaptarse con su acuicultura y marisqueo a las nuevas demandas y a la explotación de sus maravillas naturales a través del turismo.

Posee el Grove una leyenda que transcendió a los ámbitos nacionales: "Dícese que un estudiante, natural de Meco (Almería), o que se llamaba así de apellido, pasó a Galicia y llegó a ser cura de San Martín de O Grove... Tenía tan abierto el carnal apetito, que hizo desgraciadas a muchas mujeres de la zona que, llenas de ira, tomaron la venganza por su mano ahorcándolo en una higuera del monte Siradella. Presas, no obstante, el pueblo las apoyó al grito de "¿Quén matou ó Meco?. Matámolo todos señor". Aunque la Audiencia castigó a algunas de ellas, ese grito de solidaridad sirvió para que, en 1898, Montero Ríos hiciera un famoso discurso referente al desastre de la flota española en la guerra de Cuba, comenzando con el grito de: "Matámolo todos señor".

El Ayuntamiento de O Grove tenía una población en 1920 de 5.500 habitantes. Como comarca poseía, una docena de comercios de toda clase, 6 ultramarinos, 30 bodegas y tabernas, 4 cafés, 2 viveros de marisco, 2 barcos de transporte, 2 molinos de vapor, 1 fábrica de gaseosas, 2 médicos y 1 perito agrícola. Tenía gran importancia la pesca del pulpo y existían 12 vendedoras de pescado.

O Grove como capital poseía 4.380 hab. y estaba constituida por 30 aldeas que parecían verdaderas calles de la villa, (hoy absorbidas por el núcleo urbano). El casco urbano contaba con 1.037 hab. y poseía 2 escuelas unitarias de niños y niñas, y una nacional en el pósito Marítimo. Como ocio contaba con un pequeño teatro-cine, el «Salón Besada», y además tenía un casino y 2 centros de recreo. En las cercanías, en la Isla de la Toja, se levantaba un balneario de 100 m. (desaparecido), compuesto por 6 pabellones de granito y ladrillo, y comunicados entre sí por magníficos soportales de fama mundial. El presupuesto anual del Ayuntamiento del Grove era de 63.000 pts.


A TOXA

Cuenta la leyenda que un cura del Grove tenía un burro muy enfermo, moribundo y en carne viva, al que tenía gran cariño. Como su intención nunca fue matarlo, decidió abandonarlo en la isla de A Toxa que tenía cerca de su casa. Un día intentando conocer la suerte a que éste se vio abocado, se adentró en la isla y su sorpresa fue grande, pues se encontró al animal totalmente curado y sano. Después mucho investigar llegó a la conclusión de que el remedio a la cura del burro fue la excelente calidad de las aguas de la isla.

Originariamente la isla viene de nombre romano (Louxo), poseyendo una hermosa ermita dedicada a S. Sebastián (siglo XII), actualmente reformada y recubierta de conchas de vieira, llamada hoy, San Caralampio.

Los vecinos del Grove nunca desperdiciaron la ocasión de utilizar la isla para pastoreo de su ganado y como abastecedora de leña. A causa de lo cual, en el siglo XV, el arzobispo Alonso de Fonseca (a quien pertenecía la isla) impone un pago y diezmos a los que utilicen alguna pertenencia de dicha isla.

Ya en el siglo XVI se establece un pleito entre los vecinos de Noalla y Castrelo, resolviendo el arzobispo en favor de los del Grove, y prohibiendo a los vecinos de otras tierras utilizarla.

Los pleitos fueron constantes en los siglos XVII y XVIII, siempre siendo a favor de los del Grove, hasta el siglo XIX, que fue reconocida como propiedad particular. Fue comprada la isla por una sociedad privada en 1840, la cual construyó un balneario para dedicarse a la explotación de los manantiales de agua y barro medicinales que se encuentran en su subsuelo. A lo largo de este siglo, el turismo estuvo prácticamente reducido al ámbito de la isla y de su balneario. La mayoría de los visitantes eran enfermos atraídos por los poderes curativos de sus "caldos" y "lamas" para las afecciones de la piel.

Con la construcción del Gran Hotel, el Casino, el campo de golf y otras instalaciones deportivas, se originó el boom turístico de este enclave excepcional. En la Isla se levantaba un Balneario de 100 mts., hoy desaparecido, con 6 pabellones de granito y ladrillo, comunicados entre si por magníficos soportales.

Así expresaba Ramón y Cajal la belleza de la isla:
..."Había aquí creado la naturaleza salutífero y casi único manantial avalado por un marco incomparable. La isla apacible bañada por la más bella de las rías gallegas, brisas fortificantes del mar, perfumadas por las emanaciones balsámicas del bosque, temperatura siempre primaveral, bajo un cielo limpio y brillante. Pero el arte y la ciencia, trabajando de concierto, han realzado la obra de la naturaleza. Una instalación hidroterápica sabiamente organizada, donde se juntan en dichoso maridaje los refinamientos de la comodidad más exigente"...

En la actualidad la oferta turística es de 1.500 plazas hoteleras y 1.200 plazas repartidas en 5 campings, pero la construcción desmesurada, sin criterios racionales en edificalidad, fue degradando en gran medida la belleza de este rincón paradisiaco.


Bibliografía:
HISTORIA Y VIDA DE LA RIA DE AROUSA de Manuel Fajardo Piñeiro.

 

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