La historia de Catoira (antigua CETARIA), a la que siempre relacionamos como "Defensora de
Compostela" dada su situación, (donde la ría descansa para bañarse en el río Ulla), tuvo una
gran importancia histórica, pues no podemos olvidar que tiene vestigios romanos (puente sobre
el Ulla), fenicios y visigodos (éstos tenían una fábrica de acuñar moneda en la localidad).
En la Alta Edad Media (siglos IX al XI) sufrió el asedio de los pueblos normandos e islámicos.
La muerte del obispo Sismando II (968) combatiendo al invasor, pone de relieve la importancia
de este núcleo para la defensa de Compostela. Dada la situación de indefensión, se erigen las
famosas Torres del Oeste (su nombre es una derivación del "Castellum Honesti", del cual pasó
a honesto y más tarde a Oeste), en el lugar donde los fenicios construyeran un faro y más
tarde los romanos una fortaleza defensiva dedicada a Augusto "Totris Augusti". En este lugar
Alfonso V construye un castillo para cerrar el paso a los normandos, siendo este donado a la
Iglesia Compostelana en el 1024. Fueron reedificadas por el Obispo Cresconio, continuando la
segunda reconstrucción don Diego Peláez, el obispo que comenzó la catedral de Santiago.
El primer arzobispo de Compostela, Diego Gelmírez (se dice nació en las Torres siendo
gobernador su padre), impuso un tributo en el año 1108, consistente en un sueldo de la
"real moneda", por cada familia de la diócesis, con objeto de reunir los fondos para realizar
la reconstrucción definitiva de las torres defensivas.
Como la cantidad no fue suficiente para realizar la obra, el mismo arzobispo participó con
sus propias pertenencias a dicha fortaleza. Le dio mayor altura a las torres, hizo una
iglesia y levantó habitaciones para su alojamiento y el de su clero, servidumbre y escolta.
Tendió un puente para acceder de forma más cómoda al castillo, que se dividía en ambas
orillas del río.
Las medidas tomadas fueron de gran eficacia, pues rechazó el ataque de las naves sarracenas
en los años 1122 y 1134. Bajo la protección de esta atalaya, los diestros constructores
genoveses realizan y calafatean los barcos que han de luchar contra los invasores.
Se cree fueron 7 las torres ubicadas a ambos lados del Ulla, desde donde se tensaría una
gruesa cadena que impediría el paso de los buques invasores
Ya en el siglo XVI, aunque bastante deterioradas las "Castellum Honesti" seguían perteneciendo
al arzobispado de Santiago.
Su fuerza defensiva se volvió a demostrar cuando en el siglo XVIII, consiguió
ahuyentar la
invasión inglesa, en este momento eran cinco las torres defensivas que quedaban en pie.
En los principios del siglo XX, estas torres consideradas como "llave de Galicia" y como
la obra más importante del siglo XI, estaban casi totalmente deterioradas. Poseían dos
paredones que se alzaban en un verdadero milagro de equilibrio, (lo que acreditaba su sólida
arquitectura), y una capilla totalmente derruida. El grosor de las paredes era de 2 mts. y
su planta era de 7 x 6 mts. Cerca del llamado "pozo das torres" se levantaban los restos de
otra torre de 1 mts. de grosor, con los sillares caídos. Antes de llegar a las paredes de
las verdaderas torres, se encontraban los restos de unos departamentos rectangulares, morada
y cuerpo de la guardia.
Fácilmente se comprende el enorme interés, tanto histórico como arqueológico de esta obra,
por lo cual en 1946 se desarrollan las obras de restauración que perdura en nuestros días.
A principios de siglo Catoira tenía una población de 2.300 hab. Su comercio era escaso y en
el aspecto industrial poseía varias fábricas de aserrar madera y varios hornos de
construcción de tejas. Contaba con un gran almacén de madera, dos hornos de fabricación
de pan, nueve molinos harineros (hoy reconstruidos turísticamente), de lo cual se decía
"Catoira tierra de molinos de agua, viento y marea". Como comercio existían dos de tejidos
y siete de comestibles. Sólo tenía un médico y era municipal.
En la parroquia de San Miguel existía un balneario, con mucha fama y gran cantidad de
bañistas. En este balneario se fabricaban jabones medicinales de tocador. Sus aguas eran
famosas para enfermedades de piel, úlceras y órganos genitales femeninos. Fueron declaradas
de utilidad pública en 1907 y componían en los manantiales de Laxiña y Racarén. Este
balneario está hoy en recuperación, pues cuenta con agua sódico-radioactivas y
sulfrídico-sulfurosas, que dado sus propiedades curativas y la creciente demanda de este
tipo de aguas, se estudia su próxima rehabilitación. La corriente eléctrica fue realidad
en 1926.
Bibliografía:
HISTORIA Y VIDA DE LA RIA DE AROUSA de Manuel Fajardo Piñeiro.
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